Desde el momento en que asumió el gobierno Javier Milei, se encendió la motosierra para “destruir el Estado desde adentro”. Ministerios, Secretarías y organismos disueltos, decenas de miles de despidos y la desaparición de cualquier política pública orientada a garantizar algún derecho o mínimamente a paliar las situaciones de enorme vulneración del pueblo trabajador.

El INTI no fue la excepción y el ataque al Instituto se inscribió en la política de desmantelamiento del sistema científico y tecnológico y del entramado productivo nacional, estación de paso necesaria para avanzar en la recolonización imperialista. Dicho de otro modo, para profundizar la sumisión y la dependencia a los intereses de sus “amos” del Norte, primero es necesario destruir todas las herramientas que permiten márgenes de soberanía, producción de conocimiento, desarrollo tecnológico, investigación con perspectiva nacional, industria que agregue valor a las materias primas y genere trabajo calificado, etc.

Por eso el INTI fue incluido en el proyecto original de la Ley Bases como uno de los organismos a ser CERRADO, sin más. Los trabajadores y trabajadoras dimos una pelea para ser excluidos de esa lista de organismos a ser disueltos, y logramos ser exceptuados, pero ahí no terminó la cosa.

Por un lado, la Ley Bases le otorgó facultades delegadas al Ejecutivo que luego le permitieron avanzar con un nuevo ataque mediante el Decreto 462/25 que centralizaba al Instituto y lo reducía a su mínima expresión, atacando su autonomía, autarquía y su carácter federal.

Pero, además, esa primera pelea contra la Ley Bases, nos permitió ver los límites de la conducción gremial en el INTI, la JI de ATE, que no organizó la pelea contra la Ley Bases en el Instituto, no puso el centro en derrotar ese proyecto que liquidaba el INTI e impidió que las asambleas fueran ámbitos en los que se pudiera debatir y explicar los efectos de ese proyecto para ganar a más compañeres para la lucha.

Esta parálisis de la JI se fue profundizando y fue lo que nos llevó a impulsar la Asamblea Multisectorial, que surgió como propuesta de un sector de base del organismo que abrió su asamblea a otros sectores que estaban atravesando la amenaza de despidos de compañeres monotributistas, el congelamiento salarial y otras demandas que no encontraban un canal de expresión en los “cuerpos orgánicos” del sindicato.

Así nació el espacio que en el 2025 nos permitió luchar contra el Decreto de centralización y derrotarlo en ambas Cámaras, logrando la instalación de la pelea por el INTI en la agenda política nacional y rompiendo el discurso instalado con éxito por el gobierno y sus voceros de que el Estado es solo un gasto innecesario y les estatales todes ñoquis. El saldo más positivo de esa lucha fue que enormes sectores de la sociedad comprendieron la importancia estratégica de un organismo como el INTI en sus vidas cotidianas, a través de la verificación de la calidad de los productos que consumimos, pero también como herramienta para la promoción de la pequeña y mediana industria y como garante de la calidad de las mediciones (desde un kilo de papas o un litro de nafta hasta las miles de toneladas de granos que salen de los puertos o los radares para las foto multas o los alcoholímetros).

Con decisiones tomadas en asambleas federales (conectadas por zoom a las sedes de todo el país), con voceres elegides en asamblea y apelando a la unidad de las luchas con todos los sectores que enfrentan al gobierno, garantizado la más amplia unidad, sin sectarismos, fue que se construyó ese triunfo impresionante de tirar abajo el decreto.

Y es esa herramienta multisectorial la que hoy nos está permitiendo enfrentar el tercer intento de cierre del Instituto, ahora mediante una reestructuración de desguace que implica el despido de 1/3 del personal en todo el país.

Nuevamente el desafío es transformar al INTI en una causa nacional contra la avanzada de la entrega y el saqueo colonialista, pero también por promover estos métodos de lucha, que en un contexto de ataque feroz por parte del gobierno y las patronales a las mayorías populares, nos ofrece algunas claves para profundizar, extender y masivizar la resistencia, apostando al protagonismo de las bases, a las decisiones democráticas tomadas en asamblea, como única posibilidad de que sean tomadas en sus manos por el conjunto y que “le pongan el cuerpo”.

Superar el chaleco burocrático que imponen los sindicatos a la lucha, por convicción o por incapacidad, es fundamental para enfrentar un ataque tan profundo y radical como el que representa este experimento neofascista.

Eso es lo que hace tan importante que el INTI triunfe. Por un lado, poder infringirle una derrota al gobierno que ayude a modificar, aunque sea un milímetro, la relación de fuerzas. Y, por otro, que se extienda un ejemplo de autoorganización de trabajadorxs que ayude a sacudir una lógica sindical rutinaria, burocrática, que prioriza las internas o el aparato por sobre la participación desde abajo. Con absoluta convicción decimos que ¡SI GANA EL INTI, GANAMOS TODES!

Militancia Socialista

Poder Popular

Colectivo Reagrupando

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