Napo
Estamos asistiendo a uno de los mundiales más bochornosos de la historia, sino el más.
Mientras se sigue prohibiendo a Rusia participar libremente acusado de ser un país invasor y el Estado GEnocida de Israel no participa sólo porque el equipo no clasificó a la copa; mientras al plantel de Irán se lo discrimina , se lo persigue y se le dificulta cada paso dentro del certámen; mientras se expulsa al árbitro somalí Omar Artan acusado de vínculos con el terrorismo y el australiano Shaun Evan fue “perdonado” tras hacer gestos supremacistas; mientras a Haití se lo obligó a quitar de su camiseta una ilustración alusiva a su gesta independentista en 1803 y en las conferencias de prensa se prohíben las preguntas en idioma español; mientras todo eso sucede, hay gestos de rebeldía que buscan una grieta entre tanto circo y racismo.
El menos importante quizás, pero la que hizo más ruido por quién la protagonizó fue el de Marcelo Bielsa; el actual entrenador de la selección uruguaya fue noticia por negarse a mirar a la cámara para una sesión de fotos porque entiende que es un mundial invadido por los negocios comerciales y el show y no quiso prestarse a eso.
Por otra parte, la parcialidad Iraní mostró banderas con el número “186” en alusión a las víctimas del atentado estadounidense sobre una escuela de Irán en febrero de este año, además de flamear banderas palestinas.
En la ceremonia inaugural, un percusionista llevó colgado de sus hombros una Kufiya (el tradicional pañuelo palestino). Además, en las calles de México (otro de los anfitriones) las protestas contra el racismo, la violencia y la explotación (aumentadas por la copa de la FIFA) se multiplican pese a la represión y la censura .
Mientras el show continúa entre pausas de hidratación, espectáculos de poco interés artístico y transmisiones cada vez más alejadas de lo deportivo, sigue habiendo gestos de rebeldía que, aunque quieran evitar, seguirán filtrándose, porque la rebeldía siempre encuentra grietas por las que filtrarse.