Por Viviana Ríos Alvarado, candidata a Secretaria General de la Comisión Directiva de CICOP Gonnet
El campo de la salud en Argentina vive un contexto muy particular. El gobierno de Javier Milei y la Libertad Avanza, con el apoyo del PRO, la UCR y sectores del PJ ejecuta un ajuste feroz sobre la clase trabajadora. Tienen un objetivo claro de fondo: brindar a los sectores de poder de nuestro país las reformas estructurales que piden hace años. Lejos de ser cambios menores o coyunturales, la Ley Bases, la reforma laboral y las futuras leyes que piensan presentar en materia previsional, de salud y educación atacan derechos sociales y políticos históricos del pueblo.
En el caso de la salud, el gobierno busca avanzar en un vaciamiento sistemático de los recursos y conquistas en acceso a derechos. A la par, condena a salario de pobreza a miles de trabajadorxs que nos encontramos cada vez cumpliendo más horas en nuestro trabajo debido al aumento de las demandas en salud, con acento en las problemáticas de salud mental. Buscan, como con la universidad, que lxs trabajadorxs migren al sector privado por la situación salarial. Los grandes ganadores de este modelo son las prepagas y los laboratorios de la industria farmacéutica que lucran con la salud pública. Así, Milei busca alinear a Argentina a un modelo de salud similar al de otros países de nuestro continente que han tenido décadas de gobiernos neoliberales. En ellos, no hay prácticamente salud pública porque no se concibe como un derecho.
Este ajuste del gobierno ha encontrado resistencia en lxs trabajadorxs. Las fotos más ilustrativas de estos casos son el Bonaparte, Garrahan y el Posadas que pese a estar en distintos distritos (Capital Federal y en provincia de Buenos Aires) son claro reflejo del momento. Son lugares prestigiosos en el nivel de atención de salud, el Garrahan conocido por su tratamiento a niñeces y medicina de alta complejidad, el Bonaparte pionero en la atención interdisciplinaria de la salud mental y tratamientos alternativos. El Posadas, por su parte, está ubicado en un sector clave para las demandas del conurbano bonaerense. Sin embargo, lejos de ser un motivo para no atacarlos es justamente la razón del gobierno para hacerlo. Tienen que eliminar aquellos lugares que muestran que la salud pública puede ser de alta calidad y que somos lxs trabajadorxs quienes lo seguimos sosteniendo a pesar de los salarios de pobreza.
La situación en la provincia de Buenos Aires: 30% de aumento de demanda, 30% de pérdida salarial
En este contexto nacional, a lxs trabajadorxs del estado en PBA se nos suma una situación particular. El ajuste de Milei produjo la migración de la población que anteriormente se atendía en instituciones nacionales, y también de aquellos que al no poder pagar los diferenciales de su obra social necesitan atención gratuita para acceder a sus tratamientos. Situaciones como las de PAMI y IOMA se suman a la complejidad que atraviesa el país hoy para dar respuesta a sus problemáticas en salud. El ajuste nacional repercute en un aumento de la demanda en atención de un 30% en los hospitales públicos de la provincia. En el caso de algunas áreas como salud mental, una de las más afectadas por el modelo neoliberal, la post pandemia y los ataques de la ultraderecha, llega al 70%.
La gestión provincial hace su campaña inaugurando sedes que se hacen sin considerar una nueva planta de trabajadorxs permanentes, profundizando el pluriempleo, las becas y la informalidad en las modalidades de contratación. Desde que asumió Kicillof con la presidencia de Alberto Fernandez hasta hoy, hay un 34% de pérdida salarial. Este número es mucho peor que la que se tuvo durante el gobierno de Vidal.
La diferencia entre un caso y otro es clara: durante el gobierno de Vidal CICOP tuvo un papel importante llamando a paros u organizando un plan de lucha, mientras que durante las gestiones de Kicillof optó por encuadrarse dentro del gobierno y utilizar el gremio como plataforma de ascenso a cargos de gestión. En síntesis, la demanda es un 30% más y el salario un 30% menos.
Ni la conducción de CICOP ni el resto de las centrales sindicales se han propuesto ponerle a la cabeza de los conflictos del sector de salud. Mucho menos utilizar estas luchas en curso para generar puentes con el resto de los sectores de trabajadorxs y los sectores populares que sufren el ajuste del gobierno. La conducción actual de CICOP comenta sus logros en estos cinco años, pero evita decir que son los años de mayor pérdida salarial y aumento de becadxs, y corre el foco del salario a la recategorización de los trabajadores, como si los sueldos de otras categorías no estuviesen muy por debajo de la línea de pobreza. El salario necesita un aumento pase lo que pase, y es la pelea que nos une a todxs lxs trabajadorxs. No va a ser con reclamos a medias tintas, parciales y en soledad lo que nos dé las conquistas que necesitamos.
La pérdida salarial, el no acompañamiento de los conflictos centrales y la no apertura a coordinar con otros sectores son las principales razones para pensar en la necesidad de un cambio en la dirección de nuestro sindicato.
De hecho, el año pasado (2025) se oficializó un cambio de estatuto impulsado por la conducción de CICOP que contiene rasgos profundamente antidemocráticos. En síntesis, borra la participación de las minorías en la conducción provincial y seccional a menos que se llegue al 30%, número que suele tener quien gana las elecciones, anulando el modelo gremial con voz para las minorías que en sus años fundacionales CICOP mismo defendía. Esto le saca fuerza a las seccionales y concentra poder en un grupo de “super delegadxs” que puede decidir sin tener representación en las bases. A partir de esta reforma, el MST (Alternativa en Salud) rompió su histórico frente con el PCR-FPG y pasó a ser parte de la oposición. Algo que quienes componemos con la Pluricolor saludamos y recibimos de buena manera.
La Pluricolor: un camino unitario para recuperar el sindicato
A raíz de esta ruptura en la conducción de CiCOP se hizo imperante la unidad al interior del gremio de los sectores democraticos y de lucha, que ven con preocupación la precarización de lxs trabajadores y las vías de debilitamiento de lo público en pos del fortalecimiento del sector privado a lo que esto conlleva.
Esto llevó a la confluencia en la Pluricolor de distintos sectores: las agrupaciones de salud de fuerzas políticas como el PTS, MST, IS (en la Marrón Salud, Alternativa en Salud, Salud en Marcha respectivamente), agrupaciones de base en salud, independientes de organizaciones, tales como la Lista 7 y Fuerza Colectiva, y el remanente de residentes y ex residentes anteriormente nucleadxs en la Comisión Provincial de Residentes, que encabezaron la lucha por la reforma del estatuto de las residencias y que formaron parte de una generación de movilizaciones y discusiones por el fortalecimiento de las condiciones de trabajo y la salud pública. A esto se suma la participación de decenas de trabajadores en las seccionales que han visto el ajuste sobre su sueldos y la pérdida del poder adquisitivo sin respuestas contundentes por la conducción oficial y tiene ánimos de lucha y organización para dar la pelea.
Estos sectores son los que hoy proponen un modelo gremial distinto, de participación activa y no delegativa, que luche por el salario y por las condiciones laborales del personal de planta, becado, interino y jubilado.
La salud pública se fortalece en unidad con otros sectores, fortaleciendo sus espacios internos y dándole fuerza a sus trabajadores, no negándoles la voz y reduciendo sus condiciones de vida.
Este 22, 23 y 24, vota a la Pluricolor.