Entrevista a Valerio Arcary (pt. 2)
Durante el mes de Marzo se fundó Semear, una nueva organización de la izquierda brasilera producto de la unificación entre Insurgencia y Resistencia, dos corrientes hermanas de Poder Popular. Para desarrollar con mayor extensión sus definiciones estratégicas y propuesta programática, entrevistamos a Valerio Arcary, historiador, militante desde la Revolución de los Claveles y hoy miembro de Semear. En esta segunda parte, nos enfocaremos en un análisis de la extrema derecha y el nacimiento de Semear.
2. Poder Popular – En América Latina, Brasil fue uno de los primeros países en tener un proyecto de extrema derecha en el gobierno. ¿Cuál es la situación actual del bolsonarismo y la extrema derecha? ¿Qué enseñanzas pensás que podemos sacar el resto de los países de la experiencia contra el fascismo en Brasil?
VA – La verdad es que las encuestas de opinión más recientes, indican aún un empate entre Lula y Flavio Bolsonaro en un segundo turno de las elecciones de octubre de 2026, con pequeñas oscilaciones pero siempre en el límite del margen de error. O sea, lo más probable es que el desenlace de la lucha electoral será definido por un margen muy estrecho, seguramente algo inferior a 5%, quizás menos. En este terreno, el peligro de una derrota es real y todo va a depender de lo que pase. Tenemos, esencialmente, cuatro meses para desarrollar una línea de campaña que pueda garantizar la derrota de la extrema derecha. Por el momento, la desaprobación del gobierno Lula permanece ligeramente superior a su aprobación, aunque hay una tendencia reciente de lenta recuperación.
¿Cómo podemos interpretar este escenario asustador? A rigor, son muchos los factores que tenemos que considerar. El desafío es organizar, considerar los distintos grados de expresión de cada factor. Esencialmente, el bolsonarismo se apoya en una mayoría socialburguesa, en el sentido que Marx definía la mayoría socialburguesa, la mayoría de la clase dominante, está con el bolsonarismo, aunque los capitalistas brasileños estén divididos y hay una fracción que es antifascista. Pero el bolsonarismo no reposa, no garantiza su fuerza social únicamente en el apoyo de la fracción de la clase dominante. Tiene una mayoría en las clases medias propietarias, en el campo y en los interiores del país. Tiene mayoría también en lo que podemos llamar, como lo definía Leon Trotsky, la nueva clase media moderna, o sea, una nueva clase media que ocupa, por su escolaridad muy elevada, posiciones de dirección al frente de compañías, de empresas, en el sector privado o en la gestión de empresas públicas del propio Estado.
Lo más grave, entre tanto, es que el bolsonarismo logró dividir la clase trabajadora y cuando pensamos en el mundo del trabajo en Brasil, hay que considerar que tenemos una población económicamente activa, estimada en 105 millones de personas. De estos, aproximadamente 47-48% reciben hasta dos salarios mínimos que corresponden, en grosso modo, a algo en torno de 700 dólares. Por supuesto, de estos casi 50 millones de brasileños, aún hay una proporción muy grande que gana hasta un salario mínimo, un salario mínimo, o sea, 350 dólares por la cotización actual. Estos son, aproximadamente, el 30%, pero ellos no se distribuyen homogéneamente en todo el país. Brasil es un país muy distinto de nuestros vecinos de América Latina.
Hay una fuerte concentración de la clase trabajadora de uno o dos salarios mínimos, de 350-700 dólares, en el norte y en el nordeste del país, y es proporcionalmente menor en el sudeste y en el sur, que son las regiones más urbanizadas, industrializadas. Aunque nuestro drama es que, entre los trabajadores que ganan más que dos salarios mínimos, que están arriba de 700 dólares, que ganan entre 3 y 5 o 7 salarios mínimos, o sea, que ya están ganando hasta 1.500 dólares mensuales, o incluso un poco más, el bolsonarismo en la extrema derecha ha conquistado una base social. Y ahí estamos, está dividida, aunque, por supuesto, el lulismo también tiene influencia, pero hay una ligera mayoría, pero que puede ser decisiva, que apoya a la extrema derecha.
Y la verdad, esta escisión dentro del mundo del trabajo, entre lo que podemos definir como los pobres y los remediados, es nuestra debilidad estructural fundamental. Nuestro desafío es recuperar una mayoría de izquierda, de influencia de la izquierda, sobre la clase trabajadora. Y esta disputa, esta lucha, es muy dura, porque aunque hayan razones económicas que expliquen la audiencia de la extrema derecha en segmentos de lo que podemos llamar camadas medias de asalariados que tienen la escolaridad media, no hay solamente razones económicas. Por supuesto, si hubiera habido desde la victoria de 2002 un crecimiento económico más intenso, si el gobierno Lula no hubiera aceptado los límites de una estrategia económica que mantiene de pie lo que llamamos el tripé macroeconómico, el cambio fluctuante, la búsqueda de un superávit fiscal permanente, si no hubiera apostado el gobierno de Lula en una estrategia de concertación que tiene como prioridad garantizar la tranquilidad de los rentistas que van a recibir este año algo superior a un trillón de reales de pago por los títulos de la deuda interna, y un trillón de reales son 200 mil billones de dólares. La verdad es que hubiera sido una situación distinta, porque hubiera habido un aumento de la participación del trabajo sobre la renta nacional y, por tanto, una elevación de las condiciones materiales de sobrevivencia de los trabajadores.
Pero, insisto, lo que debemos aprender es que no se trata solamente de una lucha estrictamente económica, aunque las clases se movilizan por sus intereses, pero hay sentimientos y afectos, hay una subjetividad que está en primer lugar confrontando dos miedos. Hay el miedo, por un lado, de un retorno del bosonarismo y de la amenaza neofascista, de limitación de las libertades democráticas, de endurecimiento del régimen, de superexplotación, porque el bolsonarismo defiende un programa anarcocapitalista semejante al de Milei en Argentina.
Quiere destrozar los pocos derechos que se han ganado las masas populares después del fin de la dictadura, como la garantía de que el piso de la remuneración de la previdencia social es el salario mínimo, y la suspensión de los pisos constitucionales de inversión en educación y salud pública, que son conquistas importantes, aunque por supuesto parciales, y otras. El bolsonarismo hace un discurso que la democracia quedó de más, que limita la libertad económica, que hay demasiados impuestos, todo lo que ustedes ya lo conocen en Argentina, pero al mismo tiempo hay que considerar que hay también los miedos de estas camadas intermediarias de los trabajadores, por la manipulación ideológica que es hecha por los fascistas, que insisten en un discurso de rencor y de resentimiento para movilizar la masculinidad contra los derechos de las mujeres, movilizar la blanquitud contra la lucha de la mayoría negra del país por sus derechos, de movilizar toda la opinión conservadora contra los derechos de la comunidad LGBT.
Hay todo un discurso desarrollista que intenta movilizar contra la población indígena, que defiende sus derechos, los derechos de los pueblos originarios sobre la tierra, y los neofascistas defienden avanzar sobre Amazonia, denuncian el calentamiento global como una campaña imaginaria, o sea, una gran conspiración contra los intereses estratégicos nacionales de Brasil. En resumen, es una batalla indefinida que se va a desarrollar en el terreno electoral y la victoria va a depender en gran medida de un acierto en la línea de campaña
3) En este marco: ¿cómo fue el proceso de unidad entre Insurgencia y Resistencia?
Yo creo que el congreso del 20 al 22 de marzo último fue una gran victoria. Puede parecer un pequeño paso en frente para la izquierda internacional, pero a rigor en Brasil ha sido un grande salto adelante. ¿Por qué? Por tres razones fundamentales. La primera es que lo que ha prevalecido, o sea, la tendencia más poderosa ha sido a lo largo de los últimos 15 años, por lo menos, una enorme división, desagregación de la izquierda marxista revolucionaria. No solo en Brasil, donde hubo importantes rupturas, el PSTU rompió prácticamente en la mitad con la formación de lo que después evolucionó con la fusión con agrupamientos menores, la constitución de Resistencia, pero no fue solamente el PSTU que se dividió, hubo una turbulencia muy fuerte. Consulta Popular, el MST también se dividió de forma importante y a escala internacional vimos muchísimas grandes crisis. El SWP de Inglaterra se dividió, la ISO, la International Socialist Organization en Estados Unidos, de hecho se ha disolvido, se rompió en Argentina el PO, en Francia se rompió la organización más poderosa de la articulación internacional, que era conocida como la corriente lambertista, y solo cito estos ejemplos.
Entonces, en primer lugar, la unificación va en la dirección contraria de la desagregación, va en el sentido de encontrar un terreno común, un programa, una línea de intervención que garantice la formación de un núcleo de militantes abnegados que comparten en lo fundamental la misma comprensión de cuáles son, en este momento, la estrategia y la táctica para intervenir en la situación de Brasil.
En segundo lugar, hay un elemento fundamental, que es que las derrotas tienen un costo. Venimos de un periodo histórico que se abrió esencialmente en 2015, que en el caso brasileño pasó por el golpe institucional, esta forma moderna de intervención de las clases dominantes para derrumbar gobiernos de izquierda, aunque sean moderados, como pasó primero en Honduras, después en Paraguay, después en Brasil, después en Perú. Estamos en un contexto internacional en que las clases dominantes de nuestros países periféricos y semiperiféricos no tolera siquiera gobiernos de izquierda moderada, en colaboración con sectores disidentes de la clase dominante, ni siquiera un programa muy elemental de reformas que favorecen los trabajadores y el pueblo, es tolerado. Y las derrotas, repito, tienen un costo e impactan la moral de la militancia.
Entonces, una militancia que es voluntaria, que es abnegada, su fuerza moral, su confianza en un proyecto que es de gran complejidad histórica, que es la lucha para derrotar el capitalismo y dislocar el orden imperialista, depende, se sustenta en una voluntad que necesita de confirmación, que necesita de una actividad que confirme que es posible, que acredite que es posible cambiar el mundo. La unificación, en segundo lugar, tiene esta dimensión de elevar el ánimo, la disposición de lucha, la abnegación de la militancia.
En tercer lugar, creo que tiene una importancia porque ella demuestra que aunque hayamos tenido diferencias en el pasado, y es evidente que estas diferencias en el pasado tuvieron su lugar, ellas no pueden permanecer como un obstáculo, es necesario una gran visión, de dejar para el laboratorio de la historia la autovalidación de cada corriente, de lo que hizo, de lo que defendió en el pasado, y hacer una apuesta en el futuro. Necesitamos una capacidad de superar los reflejos sectarios. El aislamiento, la marginalidad política, desarrollan enfermedades ideológicas, entre ellas el endurecimiento de una visión política.
Y en este marco nuestra unificación, creando la corriente SEMEAR dentro del PSOL, es una señal, una apuesta de que es posible nuevas unificaciones, y nosotros estamos en ese proceso. Estamos discutiendo también con la corriente Subverta al interior del PSOL, con quien tuvimos durante décadas con estos militantes muchas acciones comunes, y nos aproximamos mucho táticamente en los últimos años, y quizás tan importante, si no más, la disidencia del PCdoB, que es el Partido Comunista del Brasil. Ellos vienen de una tradición distinta de nosotros, que venimos del movimiento por la Cuarta Internacional, que no tiene una historia de alineamiento con lo que son los herederos de León Trotsky y que han rompido con el PCdoB, se han incorporado al PSOL, y con el cual mantenemos estrechas relaciones. Por tanto, caminamos por una nueva unificación en un plazo relativamente corto, que acreditamos que podrá ser inferior a un año, para la construcción de una nueva organización. Nosotros estamos muy optimistas de que es posible construir en Brasil una de las organizaciones revolucionarias más importantes del mundo, más influyentes del mundo.