Valentino Franzani
El 8 de octubre del corriente año se celebrarán elecciones en uno de los gremios más grandes y estratégicos del país. La Unión Tranviarios Automotor encuadra a aproximadamente 85.000 choferes y cuenta con más de 65.000 afiliados de todo el país, una de las tasas de afiliación más altas de Argentina. Es el sindicato que garantiza los paros generales, por una razón fácil de comprender: aproximadamente 7 millones de trabajadores se movilizan en colectivos manejados por trabajadores representados por la UTA, por día.
Un sindicato que debemos recuperar
Lamentablemente, a pesar de contar con este poder de fuego, los paros nacionales de la UTA, incluso en este contexto tan apremiante, son menos de los esperables. Tan solo tres paros nacionales de 24 hs. desde que asumió Milei (menos de los realizados durante el último gobierno de CFK). La gravedad de esta situación abarca dos realidades convergentes: por un lado, resulta sorprendente la falta de compromiso de la conducción de la lista Celeste y Blanca con la lucha contra el gobierno que más ha vulnerado los derechos laborales, suprimiendo conquistas históricas a través del DNU 70/23, la Ley de Bases y la reforma laboral. Pero, además, los trabajadores de la UTA no están exentos del ajuste de Milei. En la reciente entrevista realizada por Gleyzer Producciones a Alberto Patiño, candidato a Secretario General por la lista Marrón, el dirigente opositor señalaba con preocupación: “Estamos casi por debajo de la línea de pobreza, es una de las razones por las que armamos nuestro propio espacio. Para reivindicar nuestro salario (…) por eso también participamos del FRESU, que es un espacio donde hoy seriamente se hace una estadística de lo que realmente tiene que ganar un trabajador, que debería ser por encima de los $3.100.000. Y estamos muy lejos de esa realidad.”
El motivo por el cual la UTA no es hoy punta de lanza en la lucha contra el programa antiobrero de Milei es evidente: Fernández, el secretario general hace casi dos décadas, está alineado políticamente con el consenso dialoguista de la amplia mayoría de los sindicatos conducidos por la burocracia sindical. Más allá de haberse retirado de la central expresando su disconformidad con la conformación del triunviro, comparte la misma línea tibia y colaboracionista de los gordos, el moyanismo y las principales facciones que acaparan el poder en la CGT.
Desde 2006, Roberto Fernández dirige el sindicato sin interrupciones a través de múltiples maniobras, la principal de ellas era una avivada estatutaria que estipulaba requisitos representativos casi equivalentes a conducir la totalidad del gremio: “Hace muchos años que no hay tantas listas en una misma elección. Esto es por una cuestión estatutaria, donde se había armado un sistema que había vuelto imposible presentarse a nivel nacional. Ya que tenía que abarcar todas las seccionales del país. Nobleza obliga; hace 4 años otra lista logró romper ese estatuto permitiendo que se presente esa lista, y hoy se abrió la brecha para que podamos ser más listas. Antes tenías que tener el consejo directivo armado en Buenos Aires e inclusive las 26 seccionales que se contemplan a nivel nacional. Hoy en día, por suerte, alcanza con armar el consejo directivo sin completar todo el territorio nacional, con unas cuantas seccionales se puede participar”, explicaba Patiño a los compañeros de Gleyzer Producciones.
Todo nuestro apoyo a la Lista Marrón
En el marco de esta apertura democrática en la UTA (a pesar de los intereses de la burocracia Celeste y Blanca), nace una lista unitaria, combativa y comprometida con construir una alternativa sindical que represente a todos los choferes del país. La lista Marrón nace de la confluencia entre sectores históricamente opositores como la línea 60 y una importante ruptura de la lista Celeste y Blanca. Sobre esto, el candidato a Secretario General por la lista Marrón hacía memoria: “Empecé en el 92’ en la línea 96 (…) Mi manera de ver el sindicalismo, de ver la manera de defender a los compañeros nunca cambió. Es cierto que durante muchos años pertenecí a una estructura, siempre fui muy crítico hacia cómo se conducía. (…) En la lucha uno a veces elige, darla desde adentro o darla desde afuera. Al principio yo elegí darla desde adentro hasta el cansancio y hasta último momento (…) pero llegó un momento donde tuve que elegir (…) tomé la determinación de cambiar ese camino para cambiar la historia del sindicato”.
La lista Marrón está compuesta de manera federal, más allá de contar con 80 miembros en el consejo directivo nacional, con 5 seccionales por fuera del AMBA: San Juan, Córdoba, Santiago del Estero, Jujuy y Tucumán (aunque la lista será presentada en la totalidad de las seccionales). Además, dentro de este armado se encuentran cuerpos de delegados relevantes como “La Cabaña”, la línea 60, la línea 96, la 378, la 39, la 2 y muchas otras.
La larga historia de solidaridad con el FOL
Uno de los puntos más interesantes de la lista Marrón como fenómeno político es su marco de alianzas externo. No solo se referencian hacia el FRESU, uno de los principales reagrupamientos sindicales que plantean un enfrentamiento real contra el gobierno, sino que además tienen una estrecha relación con nuestra organización hermana, el FOL.
La historia de solidaridad entre el FOL y la lista Marrón proviene de la histórica lucha de los compañeros de la línea 60 contra el grupo MONSA, que tuvo su pico en los años 2015/16 y 2017, cuando la empresa del grupo DOTA, a raíz de los despidos incausados llevados adelante por la empresa.
En un contexto nacional e internacional sumamente reaccionario, con un avance brutal de la ultraderecha sobre nuestros derechos laborales, nuestras condiciones de trabajo y el salario, la solidaridad y la articulación entre los trabajadores de la economía social y el empleo formal es el camino. En este sentido, nuestro compañero Charly Fernández, del FOL, reflexionaba en la reciente entrevista de Gleyzer Producciones: “El primer nivel de consciencia de los trabajadores es la solidaridad, nosotros usamos un concepto que es el de ‘Solidaridad Radical’, esto de estar dispuesto a todo para darle una mano al compañero (…) la solidaridad es el centro de los trabajadores, es lo que nos da la conciencia de clase que nos aleja del individualismo que nos propone el mercado y estos gobiernos patronales que nos quieren dividir y fraccionar. (…) los compañeros de la UTA nos dicen que comparten nuestros mismos hospitales, mandan a sus hijos a las mismas escuelas y viven en los mismos barrios que nuestros compañeros”.
Por todo esto, apoyamos en las elecciones del 8 de octubre a los compañeros de la lista Marrón, por la oportunidad de recuperar un sindicato estratégico para la clase trabajadora, para enfrentar a este y a todos los gobiernos que se atrevan a ir contra los intereses de la clase trabajadora.