Estas líneas fueron escritas con el objetivo de aportar al debate estratégico y táctico de las izquierdas hoy en Argentina. El punto de partida es el rol central que el FITu, y el PTS a través de él, ocupan en este campo político. Por ello, la importancia también de discutir las orientaciones que llevan a cabo. A partir del acto del PTS en Ferro el 1ro de Mayo y el impulso de los comité por Myriam Bregman, se abrieron una serie de debates en los que queremos dejar nuestra posición para ser discutida junto a organizaciones y activistas.
1 – Cómo se combate a la extrema derecha: frente único vs. aislamiento sectario
Desde la asunción del gobierno de Javier Milei se expresaron, dentro del campo de las izquierdas, distintas posiciones acerca de la proyección a largo plazo del proyecto liberal autoritario. Casi la totalidad de las corrientes del FITu y en especial el PTS, se apuraron en caracterizar que el gobierno de Milei iba a chocar contra las expectativas populares ya que su programa no tenía nada para ofrecer a la clase trabajadora. Por ende, desde esta lectura la movilización social se convertiría rápidamente en un factor decisivo para expulsar al gobierno. Irónicamente, muchos sectores del peronismo también plantearon que Milei no iba a poder gobernar aunque estos lo atribuyeron a la idea de que “el Congreso no lo va a dejar”. Por caminos muy diferentes ambas tesis plantearon que sería un gobierno débil y que no podría cumplir con su programa de reformas. Ambos se equivocaron. Milei demostró capacidad de reelección y posibilidad de sancionar leyes que implican reformas estructurales del capitalismo argentino (Ley Bases o Reforma Laboral, por ejemplo).
Esto nos lleva a discutir los elementos centrales del ciclo político. El ascenso de la extrema derecha y las expresiones fascistas en todo el mundo tiene un enemigo común: el pueblo, la izquierda y la clase trabajadora en su conjunto. Sin embargo, a diferencia de otros momentos de ascenso de proyectos totalitarios, no existe una polarización real entre las fuerzas de izquierda y las fuerzas de derecha. La izquierda revolucionaria, incluso la izquierda reformista, tienen lugares, por lo pronto, marginales en la política global. En los últimos 10 años se dio un cambio significativo en las relaciones de fuerza y quien tiene la iniciativa central es la extrema derecha. Es desde esta caracterización que tenemos qué discutir qué hacemos para convertirnos en una alternativa de poder. Esto de ninguna manera implica renunciar a los principios revolucionarios. Es simplemente una lectura de la realidad objetiva como punto de partida para pensar nuestro crecimiento en este ciclo.
Al interior de las izquierdas, existen dos lecturas diferentes sobre el gobierno de Milei y por ende, de las tareas a realizar. El PTS plantea que existe una polarización entre la izquierda y la derecha. La prueba del crecimiento de la derecha es el fenómeno Milei, que consideran débil y pasajero, mientras que el crecimiento de la izquierda se refleja en los resultados de las encuestas, cuyas proyecciones son bastante más favorables a Myriam Bregman que en elecciones anteriores, y el crecimiento de su propio partido.
Esta concepción centralizada en la idea de polarización, lo lleva a tener una política de aislamiento sectario. Se expresa deliberadamente en la defensa de la posición de la columna independiente en todas las movilizaciones emblemáticas y la nula vocación de coordinar con sectores de otras identidades políticas (peronistas e incluso otros sectores de izquierda) en luchas concretas contra el gobierno de Milei. No se piensa en lo que necesitamos para derrotar el programa de reformas si no en la posibilidad de un crecimiento propio a partir del derrumbe de otros proyectos.
Desde nuestro lado, planteamos que Milei no es un fenómeno pasajero. Es una ofensiva de las clases dominantes que viene a poner fin a una serie de conquistas históricas que distinguen a nuestro país del resto de América Latina que tuvieron experiencias neoliberales sin interrupción. Las conquistas sindicales, la organización de clase, la política de derechos humanos y los derechos de mujeres y disidencias, son sólo algunos de los aspectos con los que “debe terminarse”. Quieren que dejemos de ser el país de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, de los delegados sindicales que defienden a sus compañerxs en los lugares de trabajo, del Diego insultando a los yankees en el acto del “No al ALCA”. No lo podemos permitir.
Por ello, consideramos importante, para esta etapa, desplegar una orientación de frente único. Esta es una táctica de intervención concreta que permite disputar con dos orientaciones. En principio, con el sectarismo que no visibiliza que no nos alcanza con las fuerzas de las izquierdas revolucionarias para derrotar la ofensiva fascista de las clases dominantes. En segundo lugar, con los sectores burocráticos que quieren descomprimir o negociar. La burocracia nunca va a llevar la unidad hasta el final porque implica radicalizar procesos de lucha, mientras que las corrientes que defienden posiciones como la “columna independiente” quedan por fuera de los procesos de lucha real de la clase. Es luchando en las calles, sindicatos y barrios en unidad que tenemos más condiciones de demostrarle a nuestro pueblo que la izquierda revolucionaria es el sector más combativo y más unitario.
En concreto, nuestra idea de frente único propone 1) la unidad en las calles con todos los sectores que estén dispuestos a frenar el paquete de reformas del gobierno 2) la posibilidad de empalmar con sectores amplios en ejes programáticos comunes 3) la vocación para impedir la reelección de Milei 4) la construcción de una herramienta política unitaria de todas las izquierdas y sectores que luchan. A lo largo de la nota desarrollaremos con mayor detenimiento estos puntos.
Del lado contrario, el PTS defiende la columna independiente, se niega a articular con espacios como el FRESU, defiende el voto en blanco en los ámbitos del balotaje y no solo se niega a ampliar el FITu a otras tendencias si no que incluso restringe la participación de sus propios compañeros de frente en iniciativas de política general.
2- El PTS se automargina de la disputa del gobierno
A partir de encuestas, distintos programas de televisión le han preguntado a Bregman qué haría si fuese presidenta. Tanto en su primera respuesta en Contrapunto Editorial de la Izquierda Diario donde desarrollan su posición -por la negativa- a acceder a la presidencia como en sus aclaraciones posteriores donde afirman no negarse de existir la posibilidad, el PTS no tiene una posición clara. Esto se debe a que forma parte de una corriente internacional que no considera la posibilidad de que un gobierno obrero o popular dentro de los marcos del capitalismo pueda ser progresivo para la construcción de poder autónomo y la autoorganización de la clase trabajadora.
El análisis parte de una premisa compartida por cualquier organización de izquierda: las elecciones y el estado son terrenos del enemigo y hacer transformaciones desde allí es muy difícil. Incluso, a gobiernos que desde nuestra perspectiva han atacado de manera insuficiente al poder real como el de Cristina Fernández de Kirchner, se le ha opuesto una ofensiva judicial por parte del establishment para que no siga afectando sus intereses. El PTS primero planteó que sólo accedería al poder en el marco de una insurrección, con consejos obreros organizados, nuevas instituciones, en una clara analogía (también mecánica) de la revolución bolchevique. Revolución en la que nos formamos y a la cual, por supuesto, defendemos. Sin embargo, el problema es que ninguna revolución fue igual a la otra, estamos en Argentina y no en Rusia, nuestro país no forma parte de una guerra mundial interimperialista, el rol de la clase obrera industrial es otro como también lo es el andamiaje democrático liberal burgués del estado argentino. Solo por nombrar puntos centrales que nos permiten trazar diferencias abismales entre la experiencia bolchevique y la actualidad argentina.
Desde Poder Popular consideramos que el acceso al gobierno no equivale al acceso al poder y que la existencia de un gobierno popular, de izquierda y obrero podría ser el puntapié para procesos de radicalización de masas. Esto no es un capricho, tiene que ver con analizar el comportamiento de los grandes dueños de cada país y el mundo en las experiencias de gobiernos populares que han existido en otras latitudes. Cualquier proyecto que acceda al gobierno con un programa que pretenda transformaciones radicales profundas va a toparse con una reacción conservadora. Por supuesto que esa transición no es pacífica y las clases dominantes no entregan el poder de buena manera. Justamente esto, puede motorizar la movilización popular por la obtención concreta de esas propuestas a la par que permite un desarrollo de poder popular y otros tipo de organismos autónomos que generen una nueva institucionalidad.
Excluirse de la disputa por el gobierno es autoexcluirse del debate por el futuro de nuestro país cuando Milei y la Libertad Avanza dejen la Casa Rosada. Con una derecha que puede llegar desgastada, un peronismo fragmentado que opta por correrse a la derecha para captar votos de la base social del gobierno, la izquierda pierde una oportunidad histórica. Estas declaraciones no son testimoniales. Tienen una consecuencia concreta: impiden que el conjunto de las mayorías populares vean a la izquierda como una opción de poder. Lo que hay que hacer es todo lo contrario.
Estos dos problemas aparecen vinculados. El PTS forma parte de una corriente ideológica que no tiene una teoría para disputar el poder en Argentina. El debate estratégico está necesariamente ligado a un debate táctico. No tiene vocación de poder para ser gobierno y tampoco resulta ser una herramienta del todo útil para nuestro objetivo inmediato: derrotar a Milei y su proyecto de reformas.
3 – ¿Y la izquierda qué propone?
Ligado al punto anterior, sobre la imposibilidad de mostrarse como una alternativa de poder real de cara a las grandes mayorías populares, encontramos el problema del programa. Ni el PTS ni el FITu tienen un programa político que permita organizar al pueblo en demandas concretas que se desarrollen a partir de la lucha social y política. Durante las 4 horas que duró el acto en Ferro, los distintos referentes del PTS y su corriente internacional se dedicaron a delimitarse del resto de los partidos políticos por ser una opción “coherente”, “consecuente”, “honesta” y que nunca se ha vendido. Si bien es un rasgo importante, es insuficiente. No podemos como partidos revolucionarios decirle a la gente que milite con nosotrxs o nos vote porque somos buenos y el resto no. Tenemos que poder organizarnos y ser parte de procesos de masas a partir de demandas concretas. Un programa es lo que te permite hacer política. Un partido revolucionario que no presenta un programa claro hace ideología, o a lo sumo propaganda, pero no hace política. Los esfuerzos construidos el último tiempo como el Manifiesto del PTS no logran pasar del consignismo: se definen por la negativa y no puntualizan cómo realizarían, de ser gobierno, ciertas demandas. Pero además, no cumplen con el rol más importante de un programa para la tradición socialista: organizar a partir de él a todos los sectores que coincidan con él en un programa de lucha independientemente de cuál sea su tradición e ideología política.
¿Cómo rompemos con la dependencia? ¿Cómo gobernamos un país lxs trabajadorxs rompiendo con el FMI sin apoyo de ningún tipo de crédito internacional? ¿Qué vínculo tendría un gobierno revolucionario con el resto de los países gobernados por el progresismo? ¿O con China? ¿Cómo reorganizamos el trabajo? ¿Cómo desarrollamos la capacidad industrial, científica, tecnológica y militar de nuestro país para defender un proyecto socialista? ¿Qué hacemos con los latifundios y con la pequeña propiedad familiar del campo? ¿Con la corrupción? ¿Con la seguridad? Ninguna de estas preguntas es contestada. Las intervenciones constan de una plataforma muy mínima declamativa (que ningún trabajador/a sea pobre, en contra de la violencia machista, contra el imperialismo) y la delimitación del resto de las tendencias por las buenas cualidades de lxs militantes de izquierda.
4 – Comités en apoyo a Myriam Bregman: una estrategia de autoconstrucción
En medio de polémicas con el resto de las organizaciones del FITu, el PTS lanzó los comités en apoyo a Myriam Bregman llamando a construir un “partido de la nueva clase trabajadora”.
Se conoció públicamente en las últimas semanas que estos espacios fueron cerrados al resto de las organizaciones del FITu. En un momento en que es necesario ampliar los niveles de unidad con el resto de los actores de izquierda y con activistas de todo el país que luchan contra la amenaza fascista de Milei, el PTS cierra sus puertas y prioriza la autoconstrucción. Es decir, que hoy nos encontramos con los comités del PTS y por otro lado los del PO junto a IS mientras que el MST ha querido participar y no ha estado de acuerdo con que se cierren. Algo similar sucede en el ámbito sindical. En vez de promover la unidad en la lucha contra los despidos y los cierres de fábricas están quienes promueven el Plenario del Sindicalismo Combativo y quienes impulsan mesas de coordinación obrera. Esta fragmentación no aporta a la unidad para derrotar a Milei.
Todos los partidos queremos crecer y eso no está mal. Lo que sí representa un rasgo sectario es su nula intención de crear una fuerza más amplia que ellos mismos. Un partido revolucionario puede crecer numéricamente sin que eso represente necesariamente una correlación de fuerzas mejor para la clase. Los militantes de los 70 llamaban a esto “el engorde”. Ahora bien, si el programa de reformas triunfa y la Libertad Avanza logra una reelección no importa tanto si sumamos 10, 50, 100 o 300 militantes más. Estamos ante el riesgo de una derrota de magnitud.
Desde nuestra perspectiva es importante que crezcan figuras como la de Bregman, en tanto expresa un discurso alternativo al ajuste y a la agenda del gobierno. Sin embargo, con Bregman sola no alcanza. Es necesario construir una fuerza social y política más amplia, capaz de nuclear a todos los sectores que hoy están siendo agredidos por el gobierno de Milei y que no encuentran respuesta en el peronismo.
Eso se traduce en la necesidad de avanzar hacia una mayor unidad de la izquierda que la expresada en el FITu, junto a otras experiencias que hoy buscan un espacio de representación alternativa en agrupamientos como el FRESU e incluso espacios políticos que se reconozcan en la identidad de la izquierda nacional, popular o el peronismo y puedan desencantarse con la línea del PJ el año entrante. Un llamado desde las izquierdas a la unidad de todos estos espacios construiría un fenómeno nuevo en el país en el marco del reacomodamiento de todas las fuerzas.
Todos los cambios de ciclo político traen reordenamientos que unos años atrás parecían imposibles. Es en este sentido que debemos animarnos a pensar una herramienta amplia de la clase trabajadora y el pueblo. Al calor de la lucha compartida contra las reformas derechistas, se pueden construir métodos democráticos de debate y decisión para saldar las grandes y pequeñas diferencias que puede tener un espacio de este tipo. Los puntos programáticos en común son el no pago de la deuda externa y su investigación, la duplicación del salario y la creación de impuestos permanentes a las grandes fortunas que permitan reinvertir en salud, educación y trabajo.
Ponemos nuestra voz en este debate con el objetivo fundamental de reconstruir una izquierda revolucionaria con perspectiva de poder en nuestro país. Para ello, es necesario entender la unidad fundamental entre las tareas inmediatas y los objetivos estratégicos. Sin perspectiva de poder, caeremos en impresionismos del momento y posiciones sectarias. Sin derrotar a Milei y su proyecto, estaremos en condiciones mucho más adversas que ahora para las enormes tareas que implican construir el socialismo en Argentina.