La amenaza del presidente Donald Trump de imponer aranceles a países que vendan petróleo a Cuba es el capítulo más reciente en una larga e implacable guerra económica de Estados Unidos contra la isla. Esta medida, calificada como un acto de genocidio por sus efectos humanos previsibles, busca estrangular a Cuba al cortar su suministro energético vital, una táctica que revive y profundiza un bloqueo histórico de más de 60 años.

Desde el triunfo de la Revolución, Cuba ha sido el objetivo constante de una política estadounidense cuyo objetivo fundamental ha sido siempre la sumisión. La administración Trump, alineada con los sectores más extremistas de la política exterior de EE.UU., innova en los métodos, aplicando una coerción que amenaza con desestabilizar toda la región.

La amenaza petrolera de Trump no es un hecho aislado, sino la “otra vuelta a la tuerca” en una estrategia persistente. La historia documentada muestra que cada presidente estadounidense, independientemente de su partido, ha contribuido a diseñar, mantener o intensificar el bloqueo, adaptando sus tácticas al contexto internacional pero manteniendo invariable el fin último.

Esto demuestra que el bloqueo es una política de Estado bipartidista de EE.UU., no una medida coyuntural. La administración Trump, con figuras como el Secretario de Estado Marco Rubio, opera desde la misma lógica triunfalista que llevó a Bush padre a creer que la Revolución caería en los 90.

Más Allá de Cuba

El ataque actual, bajo la forma de un embargo petrolero global, tiene un blanco inmediato pero también un objetivo estratégico más amplio. En el corto plazo quiere aplastar el modelo cubano. El objetivo declarado por Trump de que “Cuba va a caer bastante pronto” busca provocar un colapso económico que genere una crisis humanitaria y desestabilización social. El corte del petróleo es letal porque paraliza la industria, el transporte y la generación eléctrica, afectando directamente la vida cotidiana de toda la población. Con esto quiere enviar un mensaje a todo el hemisfério, al amenazar con sanciones a cualquier país (como México, Venezuela o Rusia) que intente suplir a Cuba, EE.UU. reafirma su doctrina de “Nuestra América en el ojo del águila”, ejerciendo su poder para disciplinar a quienes desafíen su hegemonía y se relacionen con gobiernos que Washington considera adversarios. Cuba representa para el mundo la idea de que “la soberanía y la dignidad son posibles” frente al poder imperial. Su resistencia de décadas es un ejemplo para los pueblos que luchan por su autodeterminación. Derribar a Cuba sería, para la extrema derecha estadounidense y mundial, una victoria estratégica ideológica monumental.

Resistencia y Solidaridad Internacional

Frente a esta escalada, la respuesta se articula en dos niveles. El primero es la Resistencia de Cuba, El pueblo cubano ha enfrentado esta guerra económica por generaciones. La capacidad de resiliencia y la unidad nacional serán puestas a prueba nuevamente ante este asedio energético. Y el segundo es el llamado a la Solidaridad Global que se está convocando a una revuelta mundial contra Trump y su política genocida. Este llamado urge a:

  • Organizar acciones y condenas públicas a las nuevas amenazas.
  • Crear una contrainformación que exponga la complicidad de los medios hegemónicos y los gobiernos occidentales.
  • Exigir a los gobiernos nacionales e instituciones internacionales que rechacen las sanciones extraterritoriales y defiendan el derecho de Cuba a comerciar libremente.
  • Fortalecer la movilización social para presionar por el fin definitivo del bloqueo.

Un Momento Decisivo

La amenaza de un embargo petrolero total contra Cuba marca un momento de peligro extremo. Es la materialización de una coerción yanqui que, inspirada en el anexionismo histórico que Martí denunció, busca rendir por hambre y sufrimiento a un pueblo que se niega a claudicar.

Esta no es solo una agresión contra Cuba, sino un ataque a los principios de soberanía y no intervención que deben regir las relaciones internacionales. El desenlace de este nuevo y grave capítulo dependerá de la firmeza de la resistencia cubana y, crucialmente, de que la solidaridad y la presión internacional logren frenar la mano de un imperio empeñado en demostrar que, en su patio trasero, su voluntad es ley.

La historia juzgará a quienes, en este momento crítico, se pongan del lado de la humanidad frente a la coerción, o permitan con su silencio un crimen colectivo anunciado. Como hace 60 años, Cuba vuelve a ser la trinchera de un combate contra el imperialismo y sus ansias de exterminar el socialismo.

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