Unidad latinoamericana para resistir los ataques de Estados Unidos
El 2026 empieza con una nueva ofensiva de la derecha y el neofascismo. El segundo mandato de Trump actualiza la vieja Doctrina Monroe: quieren que América Latina sea el patio trasero de su país colonialista y extraer todos los bienes comunes del continente con total impunidad.
Es la primera intervención con ataques aéreos de Estados Unidos en lo que va del siglo sobre América Latina. Sin embargo, durante todos estos años, su intervención en el continente nunca cesó. Utilizaron los mecanismos del lawfare, los “golpes blandos” como el impeachment a Dilma Rouseff y efectuaron con el apoyo de la oposición local un golpe militar en Bolivia que expulsó a Evo Morales y Álvaro García Linera de la presidencia, entre otros actos injerencistas. Este año fue inaugurado con una ofensiva todavía mayor del imperialismo. En la madrugada del 3 de enero, varios ataques aéreos contra distintos lugares del territorio venezolano (incluida su capital, Caracas) fueron ejecutados por las Fuerzas Armadas de EEUU. A esto se sumó el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, hecho expuesto por el presidente Donald Trump mediante la red social X como un trofeo. Las fuerzas revolucionarias condenamos plenamente la violación a la soberanía venezolana y latinoamericana y nos preparamos para la resistencia.
Durante años, el imperialismo norteamericano utilizó distintas excusas para las invasiones y ocupaciones de países. En los territorios de Asia fue la “guerra contra el terrorismo” mientras que en América Latina, con Colombia y la lucha contra insurgente como laboratorio, se expandió “la guerra contra el narcotráfico”. Sin embargo, esta vez, pese a que los procesos judiciales con los que amenazan a Nicolás Maduro poseen argumentos de ambas doctrinas, Donald Trump fue extremadamente cínico y claro: “Nos quitaron nuestro petróleo y lo queremos de vuelta”.
La política de Donald Trump expresa una lógica histórica del imperialismo estadounidense: utilizar sanciones, bloqueos, amenazas y acciones militares para imponer sus intereses económicos y asegurar el control de territorios considerados estratégicos. La extrema derecha fascista utiliza la “seguridad”, el “combate al crimen” o la retórica de “defender la democracia” para cubrir una operación cuyo verdadero contenido es el saqueo de la riqueza, el control energético y la intimidación política de toda la región.
Las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del mundo debemos extender una solidaridad activa con Venezuela. También debemos exigir a los gobiernos de nuestros países y a los organismos internacionales una condena completa e inmediata de estas agresiones. Por nuestra parte, nos toca una actitud práctica para detener inmediatamente la agresión militar contra el pueblo venezolano.
América Latina: patria o patio
América Latina conoce bien los efectos de este tipo de intervención. Cada vez que los Estados Unidos avanzaron militar o económicamente sobre nuestros países, el resultado ha sido inestabilidad, violencia, pérdida de soberanía y empobrecimiento. Por lo tanto, la solidaridad con Venezuela no se limita a un gesto puntual: expresa la defensa de un principio que respeta a todo el continente, el derecho de los pueblos latinoamericanos a existir sin tutela imperialista. El derecho que desde el movimiento socialista internacional siempre se planteó: la autodeterminación de los pueblos.
Este ataque se inscribe en un largo derrotero del imperialismo norteamericano por sacar al chavismo del poder que lleva mucho más de dos décadas. Ha realizado acciones golpistas desde el triunfo de las elecciones que llevaron a la presidencia a Hugo Chávez el 2 de Febrero de 1999. En 2002, con el apoyo al secuestro de Hugo Chávez que la movilización popular logró liberar, asesinatos en movilizaciones con la utilización de francotiradores, posteriormente las guarimbas, los financiamientos a partidos opositores y las sanciones económicas que han causado una serie de desregulaciones en el país caribeño.
Esta historia reciente se monta sobre la tradición golpista en el continente. La invasión en 1953 de la Guayana Británica y la suspensión de su Constitución, el exilio de Juan Bosch tras el bombardeo a República Dominicana en el 1965, el intento de invasión a Cuba en Bahía Cochinos y los bombardeos a ingenios azucareros, el asesinato de Maurice Bishop tras la invasión de Granada en 1983, el conjunto del Plan Cóndor y el financiamiento económico, político y militar a las dictaduras del continente y su plan de tortura sistemática en campos de concentración, la masacre en Panamá de 1989 y el secuestro de Manuel Noriega son algunos de los casos más ilustrativos de sus políticas en el siglo XX. El establishment estadounidense, pese a cambiar cada determinada cantidad de años de partido que gobierna, tiene un acuerdo estructural y es su política imperialista.
Sin embargo, los pueblos de América Latina y particularmente el pueblo venezolano han seguido luchando. Durante estos días, vimos movilizaciones activas en todos los estados de Venezuela con disposición a defender los derechos conquistados. El pueblo que se organizó durante años en las comunas, en los movimientos sociales y en los sindicatos es el protagonista de la resistencia frente a la avanzada imperialista. Es en las manos de estos sectores donde reside la posibilidad de profundizar el proceso socialista hacia una democracia comunal.
Es hora de la integración latinoamericana de los pueblos contra la amenaza militar estadounidense, la hora de la resistencia popular, obrera, campesina y juvenil. Como dice el pueblo bolivariano: ¡yankees al carajo!