Editorial Febrero
El gobierno interpreta su victoria en las elecciones de medio término como un cheque en blanco para avanzar con todo su programa de ajuste. La reforma laboral se aprueba en el Congreso con votos de la UCR, Provincias Unidas y sectores del PJ. La CGT continúa pidiendo diálogo, llama a paro pero no convoca movilización ni anuncia ninguna medida para continuar la lucha. Amplios sectores de trabajadores comienzan a protagonizar luchas contra el cierre de sus lugares de trabajo y despidos. Se hace urgente construir coordinadoras que unifiquen las luchas contra el gobierno de Milei. Nuestro desafío es construir una alternativa política del pueblo que esté a la altura de las batallas que enfrentamos.
Lo que se vota estas semanas define nuestro futuro
Hace años que las grandes patronales buscan una reestructuración productiva y este gobierno viene a cumplirles el sueño. No quieren reformas superficiales: quieren modificar estructuralmente las relaciones laborales, productivas y tributarias. Su proyecto pretende una transformación de las relaciones entre patrones y trabajadores, entre estado y sociedad y entre países del centro y la periferia. Todo en contra del pueblo.
El combo votado en el Congreso (reforma laboral, ley de glaciares, baja de edad de imputabilidad) representa una fuerte amenaza a todos los sectores populares. Quieren que trabajes más por menos plata, que se puedan rifar los bienes comunes para ponerlos como parte de pago a Estados Unidos mientras sostienen la excusa de que los pibes de nuestros barrios son peligrosos para reforzar el sistema represivo del país. No hay lugar para medias tintas. Tenemos que enfrentar este modelo y construir un movimiento democrático y de lucha que esté dispuesto a echarlo.
Un nuevo mapa de la lucha social
Probablemente, quienes estuvimos en la calle el 19 de Febrero somos quienes estaremos los siguientes dos años (esperemos que menos) contra el gobierno de Milei y su modelo. En cambio, es posible que varios de los sectores que no lo hicieron continúen en una actitud dialoguista y especulativa con un gobierno que no quiere hablar con ellos. Es un error que se pagará caro. Esta orientación desmoviliza al pueblo, lo desarma ideológicamente y deja un espacio vacío para las fuerzas de derecha. Es mediante la lucha social y política que el pueblo conoce su capacidad de organización y respuesta para defender sus derechos y no mediante el diálogo especulativo de un puñado de dirigentes. Nuestra tarea es convocar y coordinar con amplios sectores de la sociedad para construir un movimiento de masas.
Por otra parte, a los números que maneja el vaciamiento del sistema público y la industria nacional, dos años más de esta amenaza fascista empujarán a miles de argentinos y argentinas a la pobreza y la desocupación. Si dejamos que su modelo económico avance y que continúen con la quita de derechos democráticos y sus discursos de odio, nos costará mucho tiempo luego, revertir lo que han podido sembrar.
Según fuentes de medios oficiales, con el paro nacional, se ocasionó una pérdida de USD 489 millones, equivalente entre el 15% y el 20% de la producción nacional. Con la paralización de gran parte de la producción, el transporte, la educación y una parte del sistema médico, muestra de nuevo lo que siempre decimos los sectores revolucionarios: las riquezas las generamos los trabajadores y trabajadoras.
Dentro del movimiento obrero existió una novedad: la conformación del Frente de Sindicatos Unidos (FRESU). Este espacio, compuesto por sectores disidentes de la CGT que no acuerdan con la política de la conducción actual y espacios de ambas CTAs logró instalar una política propia dentro del paro nacional con el llamado a la movilización. También, en recientes declaraciones, plantearon que presionarán a la CGT por un paro de 36hs la próxima vez que se trate la ley y que de no hacerlo, lo harán por su cuenta. Aceiteros, UOM y ATE son sindicatos que se ponen a la cabeza de este espacio.
Este espacio reúne a sindicatos combativos como Aceiteros con otros que pese a no tener una composición democrática hacia su interior, optan claramente por trazar otra política que la conducción de la CGT y rechazar la reforma laboral en las calles. Como novedad, además de las 60 organizaciones sindicales que participan, varias de ellas nacionales, se da una apertura hacia los movimientos sociales para su coordinación. Su programa plantea derrotar a las reformas. Esto significa derrotar el plan del gobierno para el pueblo. Además, levantan la lucha salarial como aspecto central para mejorar las condiciones de vida del pueblo trabajador empalmando con la demanda del movimiento piquetero contra la caída de los programas sociales.
Desde Poder Popular consideramos necesaria la coordinación con este sector a partir de una política de unidad de acción y frente único con todos aquellos que estén decididamente dispuestos a enfrentar al gobierno de Milei y su paquete de reformas, cualquiera sea la tradición de la que provengan. A partir de Territorios en Lucha formamos parte de este espacio e impulsamos su agenda de lucha. Consideramos central trabajar para que estas herramientas perduren en el tiempo más allá de la agenda legislativa de las reformas. Si logramos sentar pisos de acuerdo hacia adelante vamos a estar en mejores condiciones para interpelar a la sociedad sobre la necesidad de luchar en las calles. A la par, continúa siendo una tarea de primer orden construir un modelo sindical que supere la crisis de representación actual de la mayoría de las conducciones sindicales de Argentina y vuelva a poner al sindicato como una herramienta de lucha de la clase trabajadora.
Unificar las luchas en una consigna contra el gobierno
El modelo libertario deja afuera a miles de trabajadores y trabajadoras, principalmente del Estado y la industria nacional. Nuestro pueblo no es pasivo y esto produce organización y resistencia. Los despidos en el Estado, el recorte en los hospitales con el Garrahan como referencia de lucha, la comunidad universitaria y lxs trabajadorxs del neumático son algunos de los ejemplos que se ponen en pie.
En el Estado, cuando el gobierno ataca a los/as laburantes produce un efecto concreto sobre la pérdida de derechos del conjunto del pueblo. En el caso del sector privado, vemos cómo se combina una estrategia de vaciamiento de la industria nacional con la intención de barrer a las comisiones directivas más combativas en las olas de despidos. Muchas de estas luchas son protagonizadas por compañeras mujeres que sostienen tareas de cuidado en la educación, salud o por familiares de trabajadores despedidos.
Nuestra tarea sigue siendo unificar todas las luchas en una consigna contra el gobierno. La brutal ofensiva que estamos recibiendo no puede ser enfrentada por ningún sector de manera individual ni sectorial. A diferencia de otros momentos de nuestro país, el margen para la lucha reivindicativa es angosto. Resulta casi imposible conseguir victorias mientras Milei esté en el gobierno. Por eso, a la par que nos organizamos desde cada lugar, tenemos que construir coordinadoras y redes que unan a jubiladxs, estudiantes, familiares de personas con discapacidad, a la comunidad LGBT+, trabajadores despedidos y al conjunto del pueblo en una batalla abierta contra el gobierno.
Construir una alternativa política del pueblo trabajador
Al calor de la resistencia callejera y coordinadoras de lucha que unan distintos sectores, tenemos que construir una alternativa política del pueblo trabajador que pueda unificar a todos los sectores de izquierda y populares que se enfrentan al gobierno. La amenaza fascista que implica el gobierno de Milei requiere que pensemos alianzas amplias que pongan en el centro un programa que discuta el costo de vida del pueblo trabajador, desde una perspectiva de soberanía y protagonismo popular.
Desde nuestra organización buscamos ser impulsores de la unidad de todos los espacios que luchan contra el gobierno de Milei para ponerle un freno. A partir de esa perspectiva, nos parece necesario hacer balances colectivos sobre las apuestas de los diferentes espacios políticos en los últimos años. Desde nuestra perspectiva, tanto las variantes más sectarias de izquierda que se niegan a sostener luchas y espacios comunes con sectores que vienen de otras tradiciones, como las expresiones de izquierda que se han sumado a dar la batalla desde adentro del peronismo son insuficientes en esta coyuntura. Es necesario una nueva herramienta política que supere lo que se ha construido hasta el momento.
A las luchas y conflictos contra el gobierno de Milei se acercan y participan sectores descontentos con las conducciones del peronismo, tanto de las sindicales como la CGT como de la representación política de este movimiento. Muchxs de ellos esperan que este espacio juegue otro rol, de ofensiva contra el ajuste de Milei y de resistencia callejera. Lamentablemente, desde el 2015 a esta parte la estrategia nacional es la misma: ceder en programa y poner candidatos cada vez más parecidos a las fuerzas de la derecha con la promesa de que así se puede ganar. Esta orientación despolitiza a los sectores populares en la batalla contra la amenaza fascista. Además de ceder ideas de manera regresiva, queda claro que tampoco es una orientación que permita ganar. Aún incluso cuando esta orientación llega a gobernar como en el caso del gobierno de Alberto Fernández, no puede ejecutar un programa real para el pueblo. Por ello, consideramos que es necesario construir una herramienta superadora que a partir de reivindicaciones concretas discuta con la derecha y que ponga en el centro del debate la discusión sobre la soberanía en esta etapa de una Argentina intervenida por los organismos multinacionales de crédito y el gobierno de Estados Unidos.
Es nuestra responsabilidad como organizaciones políticas estar a la altura del momento histórico. Dar pasos concretos en espacios unitarios nos permitirá superar la fragmentación, dispersión y las derrotas de las que venimos. Con solidaridad y resistencia, reconstruyendo los lazos sociales y comunitarios, tenemos que tomar lo mejor de estas experiencias para construir una alternativa.