Durante la Guerra de Malvinas la dictadura militar reclutó forzosamente, por sorteo numérico, a miles de colimbas. En su mayoría, los colimbas -fueron y son- jóvenes de familias trabajadoras y humildes del interior del país que fueron enviados al sur a pelear a una guerra contra una potencia imperialista de enorme diferencia militar y tecnológica.
La dictadura militar de la Triple Junta contó con una característica particular. En paralelo a la ejecución de un plan sistemático de desaparición de personas y apropiación de bebés, los militares argentinos se quedaron con las casas de los militantes y fueron los primeros en rendirse contra los ingleses en el campo de batalla. La derecha autoritaria de nuestro país, no tiene nada de honesta ni de valiente. Es opuesta a los valores de solidaridad y el coraje de los pueblos de América Latina.
Estudios más recientes plantean que en la guerra participaron más de 100 combatientes indígenas provenientes de las comunidades qom, wichí, mocoví, coyas y mapuches. En cuanto a los caídos, el número oficial es 649 de los cuales se calcula que la mitad eran “colimbas”. El 70% de los combatientes tenían menos de 25 años. Sumado a esto, las asociaciones de veteranos estiman que entre 350 y 500 ex combatientes se quitaron la vida posteriormente al no contar con apoyo económico y una política estatal que pueda acompañar la salud mental después de la guerra. En conjunto con ellos, cientos de mujeres fueron a Malvinas, muchas de ellas por voluntad propia, a trabajar como enfermeras, instrumentistas quirúrgicas, radio operadoras, entre otras tareas centrales de las que poco se habla.
La iniciativa de la Guerra de Malvinas fue un manotazo de ahogado de una dictadura que tenía su imagen gravemente golpeada por la resistencia obrera que se dio de manera clandestina y semiclandestina en las fábricas, por la aparición de las Madres de Plaza de Mayo y las denuncias internacionales sobre desaparición y tortura y por un plan económico que lejos de estabilizar la economía, endeudó el país, destruyó el sistema de educación, salud y ciencia pública y pulverizó uno de los mejores salarios de la región que se había logrado con el famoso “empate social” del 74 (una distribución del PBI donde el 50% eran salario de trabajadores y el 50% ganancias empresariales).
Como han admitido algunos de los militares principales a cargo de la intervención en las islas, el objetivo de la Junta era ocupar las Malvinas para después negociar con Inglaterra en una mejor posición y recuperar legitimidad hacia el interior de la sociedad argentina. Su vínculo colonial con Estados Unidos los llevó a pensar que esta potencia bregaría por una negociación entre ambas partes. Sin embargo, finalmente Estados Unidos prestó ayuda logística y militar y no intervino en pos de la pacificación del conflicto desde el momento que vio los intereses propios que se podían jugar en la región. Fundamentalmente por dos razones. La victoria de un “país dependiente” de una guerra era una muy mala imagen de control de su “patio trasero”. Y en segundo lugar, un acuerdo estratégico con el Reino Unido en su modelo político, económico y en su lucha contra la URSS.
La política dubitativa de la Junta Militar frente a Inglaterra continuó hasta el último día. Pese a que días previos al inicio de la guerra empresas inglesas retiraron 2000 millones de dólares del país, Argentina no confiscó empresas, estancias ni bienes, ni suspendió el pago de la deuda hacia ese país. Informes del Colegio Militar de la Nación plantean que a partir del 30 de Abril EE.UU envió toneladas de equipos bélicos, algunos de ellos de los más modernos del mundo que lograron hacer la diferencia en la guerra, como los misiles FIM-92A. Los yankees priorizaron mantener y fortalecer la figura de Margaret Thatcher como un aliado estratégico, considerando que tenían un mismo programa económico neoliberal y siendo aliados para derrotar a la Unión Soviética como marcaron los hechos ocurridos en Afganistán.
En el bando opuesto, Thatcher construyó posterior a la victoria en Malvinas la parte más ofensiva de su plan: logró aplastar la huelga minera contra la privatización de las minas en los años 1984-85 generando una larga noche neoliberal corriendo del medio al movimiento obrero organizado, principal enemigo de su plan autoritario. La victoria inglesa en Malvinas fue un hito clave para la construcción de la hegemonía neoliberal durante la década del 80’ fortalecida pocos años después con la Caída del Muro de Berlín.
Posterior a la derrota las clases dominantes iniciaron una campaña de “desmalvinización” que hoy retoma con fuerza el presidente Javier Milei reivindicando a Margaret Thatcher. En esa campaña, Malvinas es una vergüenza y un hecho de la historia que debe ser olvidado y dejado atrás. Esta política ha dejado de lado la salud mental y la vida de los colimbas y los sectores populares que participaron de la guerra, enfrentándolos al desprestigio social, la pobreza económica y el silencio sobre la historia y la guerra.
Las Islas Malvinas hoy
La OTAN, alianza militar internacional al servicio de las principales potencias imperialistas, continúa instalada en las Islas Malvinas. Lejos de replegarse con los años y conducir a una pacificación, aumenta su presencia en todo el territorio global provocando guerras en el mundo, como se observa en el conflicto en Ucrania. A pesar de todas las posiciones que perdió Inglaterra desde comienzos del siglo XX, continúa su control en una posición estratégica. Paradójicamente, una potencia que nunca preguntó a los pueblos de Europa, África, de la India o de Oceanía si querían ser parte del imperio inglés hoy brama a los cuatro vientos la necesidad de que los habitantes de las Islas Malvinas “elijan” si quieren pertenecer a Argentina o Inglaterra. Una estafa de su política diplomática donde solo aceptan la decisión de los pueblos si está al servicio de sus intereses económicos.
Para ellos, las Islas Malvinas son un punto geopolítico estratégico por su cercanía con la Antártida (reservorio del 80% de agua dulce del mundo) y por la gran cantidad de recursos naturales que poseen. Sin ir más lejos, con el avance de las IA a nivel internacional las reservas de agua son una mira de los grandes grupos empresarios ya que necesitan una abundancia desconsiderada de agua para su funcionamiento cotidiano. Las Islas son extensas en biodiversidad, minerales, recursos pesqueros, hidrocarburíferos, minerales y metalíferos.
En términos militares, funcionan como la conexión oceánica entre distintos continentes. El control de las islas por parte de Inglaterra le permite el tráfico por vía marítima tanto desde el Sur de África como desde el sur de América hacia el Atlántico Norte. También, posibilita la comunicación del Océano Índico con el Atlántico y Pacífico Sur para navegación comercial y militar. Allí, poseen la base de Mount Pleasant, considerada la más importante del Atlántico Sur por su proyección aeronaval y posible enclave de armamento nuclear.
Este análisis es fundamental para comprender que la disputa por las Islas Malvinas no es un problema solo de Argentina en términos nacionales. Este reclamo debe ser pensado desde la óptica de la Patria Grande latinoamericana en una perspectiva antiimperialista. El saqueo sobre nuestros bienes comunes, la amenaza de una base militar estratégica en la región que puede jugar un rol clave en conflictos bélicos a escala internacional y la cercanía con uno de los territorios más ricos en bienes comunes hacen necesario pensar la necesidad de soberanía sobre el territorio al servicio de un proyecto emancipador de los pueblos.
Protagonismo popular para la independencia política y la soberanía económica de Latinoamérica
Para quienes peleamos por una Argentina y América Latina con plena soberanía e independencia, la causa de Malvinas tiene una importancia central. Estamos en la vereda opuesta al oportunismo de la dictadura militar y su falso interés por nuestro territorio y soberanía que se enunció a la par que se vendía el conjunto del país a empresas estadounidenses. Malvinas es una herida abierta que recuerda las atrocidades de la última dictadura y el principio de su fin. También, una marca que nos recuerda que nuestro país está lejos de la independencia política y la soberanía económica. Argentina es un país dependiente y disputado por las grandes potencias del mundo.
Cuando podamos construir una alternativa que tenga como principal elemento el poder popular será posible conquistar una independencia plena y volver a tener soberanía sobre nuestro territorio y las Islas. Para ello necesitamos una Latinoamérica unida y un pueblo organizado.
¡Fuera ingleses de Malvinas, fuera yanquis de América Latina!